(…) la arquitectura es la expresión de la verdadera naturaleza de las sociedades, como la fisionomía es la expresión de la naturaleza de los individuos. Esta comparación, sin embargo, es aplicable sobre todo a la fisionomía de los funcionarios (prelados, magistrados, almirantes). Solo la naturaleza ideal de la sociedad, de hecho, -la autoridad y prohibición- se expresa en las construcciones arquitectónicas reales. Los grandes monumentos levantan una suerte de dique, que opone una lógica de majestad y autoridad a todos los elementos disruptores; es en la forma de las catedrales y los palacios, que la Iglesia y el Estado hablan e imponen silencio a las multitudes. Los monumentos, de hecho, inspiran obviamente el buen comportamiento social y a menudo genuino temor. (…) La desaparición de la composición pictórica académica, en cambio, abre el camino a la expresión (y por lo tanto la exaltación) de procesos psicológicos claramente enfrentados a la estabilidad social. (…) Las formas se han vuelto cada vez más estáticas, dominantes. Desde el comienzo, en cualquier caso, el hombre y el orden arquitectónico hacen causa común, siendo que el ultimo es solo el desarrollo del primero. Por lo tanto, un ataque a la arquitectura, cuyas producciones monumentales hoy dominan realmente el mundo entero, congregando a las multitudes serviles a su sombra, imponiendo admiración y maravilla, orden y obligación, es necesariamente, un ataque al hombre.
Georges Bataille
Encyclopaedia Acephalica, 1995, Atlas Arkhive, Documents of the Avant-Garde